La revelación a Santa Ana
Ficha técnica
Procede de las incautaciones realizadas durante la Guerra Civil (1936--1939). No figura en el recibo de la Comisaría General del Patrimonio Artístico con fecha de 15 del 10 de 1941 en el que consta la entrega al Museo de obras procedentes de la Junta de Recuperación .
Por O.M. 19-12-1941 ingresa en el Museo en calidad de Depósito. El 21-04-1942 se deposita para su custodia temporal en el Ayuntamiento de La Coruña. El 16 de agosto de 1946 tiene lugar la entrega de la obra por parte del Ayuntamiento al Museo Provincial de Bellas Artes. Por medio del Decreto 10 de octubre de 1963 Nº 2527/63 la obra se declara propiedad del Estado.
EXPOSICIONES:
Año 1988: La Pintura en los tiempos de Carlos III, el Rey Alcalde, Salas de Ribera y Juan de Villanueva (Centro del Conde Duque). Madrid, Marzo- Abril.
Escena que representa a Santa Ana, madre de la Virgen María, sentada ante un fondo de arquitectura clásica. La acompaña un ángel que está ante ella señalando hacia lo alto con su mano derecha ya que, como mensajero divino, le trae el anuncio del nacimiento de su hija María. Esta representación se inspira en los Evangelios Apócrifos que, aunque no fueron considerados por la Iglesia como textos de tradición apostólica, sí los aceptó como un medio para fomentar la devoción popular y satisfacer la curiosidad de los fieles ya que completaban datos que faltaban en el Nuevo Testamento, como el caso de santa Ana en el que no aparece citada. Los Apócrifos fueron popularizados en el siglo XIII por el fraile dominico Santiago de la Vorágine en el libro titulado Leyenda Dorada, una compilación de vidas de santos en la que incorporaba el contenido de estos evangelios junto con episodios novelados, que se convirtió en repertorio iconográfico que sirvió de inspiración a los artistas. En el caso de la vida de la Virgen María se narra en ellos su concepción milagrosa cuando sus padres, Ana y Joaquín, eran ya ancianos y cómo un ángel les anuncia, a cada uno por separado, el nacimiento de una hija que vivirá consagrada a Dios. Es a finales de la Edad Media cuando se difunde por Europa el culto a santa Ana, coincidiendo con el traslado de sus supuestas reliquias a Occidente y con la gran popularidad que adquirió la creencia en la Concepción Inmaculada de la Virgen en el vientre de su madre que, siglos más tarde, se convertiría en dogma de fe. Las representaciones de santa Ana se harán más esporádicas a partir del siglo XVI ya que la Iglesia inició un proceso de depuración de los relatos legendarios que inspiraban a los artistas con el fin de eliminar los detalles pintorescos y de que las figuraciones se ajustaran a los textos autorizados.