Felipe Criado. Cada cual que piense lo que quiera Exposición homenaje
Desde el jueves 13 de noviembre hasta el 11 de enero del 2015, el Museo de
Belas Artes acoge una muestra con la que pretende rendir
un sentido homenaje al pintor Felipe Criado al año de dejarnos.
Aunque nació en Gijón y tuvo una niñez condicionada por
la vida laboral errática de su padre, a partir de los ocho años llega la Galicia
y se instala con la familia en Ourense y Santiago de
Compostela donde inicia los estudios de Medicina,
que más tarde abandona para entrar en contacto con las artes. Entra en el
taller del escultor Francisco Asorey y seguidamente
en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago. En
1954 ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San
Fernando donde va a tener como compañeros a
pintores como Lucio Muñoz o Antonio
López.
En 1967 se instala en A Coruña, donde logra forjar
un destacado lugar dentro de la plástica coruñesa contemporánea que compaginará
con el cometido de docencia en el Instituto Eusebio da
Guarda como catedrático de Dibujo y como muralista.
Si como pintor dejó más de cien obras, en la otra faceta podemos contabilizar
hasta siete murales, algunos de grandes dimensiones como el realizado para el
propio instituto en el que fue docente, con unas medidas que rondan los 7 x 3,5 metros en su
conjunto. Precisamente, el Instituto Eusebio da Guarda,
paralelamente al período en que se exhibe la muestra homenaje en el Museo de Belas
Artes, tendrá abiertas sus puertas durante las tardes para brindar al público
la posibilidad de contemplar el mural que Felipe Criado
instaló en el interior de sus dependencias.
La exposición en el Museo reúne en torno a 36 pinturas, algunas de gran
formato, y otras son piezas más pequeñas que forman todas juntas una especie de
mosaico o gran cuadro, en lo que destacan esencialmente fisonomías
diversas y dispersadas por todo el espacio de la
obra, sin una ordenación aparente ni tampoco una obstaculización
entre las individualidades que lo pueblan, de ahí el sugerente
título que lo denomina "Cada cual que piense lo que quiera". El
contenido de la exposición, que cuenta además con una treintena de dibujos, fue
seleccionado por el comisario de la exposición Antón Castro,
que contó con el apoyo incondicional de la familia del pintor.
Todas ellas son obras de variado signo, creadas en los
últimos cuatro años de su vida sobre diferentes soportes de tipo tela, madera o
papel. El repertorio de imágenes que recrea permiten
aglutinar una buena parte de las obras en torno a las tres series: Santander, Pompeyanas y
Paraguas.
Santander, la realiza a
partir de un acontecimiento que presencia en la infancia, durante la Guerra
Civil: el bombardeo de la ciudad de Santander por la
aviación alemana de la Legión Cóndor, y le causa una
fuerte impresión que queda grabada en su retina para el resto de la vida. El
núcleo de esta serie está representado por cuatro cuadros de considerable
formato y una serie de bocetos con dibujos. Todos
están cargados de una gran expresividad que se plasma a través de un trazado
rápido, enérgico y un colorido encendido que refleja
la violencia y horror del suceso.
Las otras dos series (Pompeyanas y Paraguas) presentan una iconografía que pone
de manifiesto su preferencia por la representación pictórica de la mujer
siguiendo unas coordenadas clasicistas pero que, a su vez, no suponen un
obstáculo para plasmar una visión contemporánea del mundo femenino.