Zuloaga y Zabaleta, Ignacio
(Eibar, GuipuzKoa, 1870 - Madrid, 1945). Aficcionado al dibujo desde niño, inicia su formación como pintor en Madrid, donde el estudio de las obras de los maestros de la pintura española como Ribera, El Greco, Velázquez y Goya, en el Museo del Prado, afianza su vocación artística. Viaja a Roma y entre 1889 y 1890 se asienta en París, ciudad en la que se estaban generando nuevas tendencias pictóricas. Aquí sigue su formación, abre un estudio y entra en contacto con otros artistas, los catalanes Ramón Casas y Santiago Rusiñol, y con pintores postimpresionistas y simbolistas: Degas, Toulouse-Lautrec, Gauguin y Émile Bernard, con los que participa en exposiciones en la Galerie Le Barc de Boutteville.
En sus primeras obras, algunas inspiradas en los suburbios parisinos, las escenas se sitúan en el exterior y aún es visible la captación atmosférica. Después evoluciona desde el naturalismo a una nueva visión de la realidad en la que introduce rasgos simbolistas. Recurre a la simplificación formal, oscurece las tintas y cambia la luz natural por la luz artificial y teatral, lo que provoca el acentuado contraste entre figura y fondo que caracterizará su estilo. Un cambio en el que se aprecia la influencia de la tradición pictórica española a la que se incorporan algunas de las propuestas plásticas de la modernidad parisina, como sucede en el cuadro El enano don Pedro (El enano de Eibar) a quien retrata con sombrero de copa, que envía al Salón de la Société Nationale de París de 1894.
Zuloaga alterna sus estancias en París con viajes al País Vasco y a Andalucía, donde abre un estudio en Sevilla y pasa largas temporadas entre 1895 y 1898. Andalucía le ofrece otro escenario e introduce entonces los temas de gitanas, toreros, picadores y bailaoras de flamenco, que mantendrá durante buena parte de su trayectoria artística y con cuyos retratos inicia sus éxitos en las exposiciones de París. Son ejemplos de la temática andaluza, un género al que los críticos parisienses llamaron España blanca, que tenía mucho éxito en Francia. Si en un principio Zuloaga representaba las escenas y tipos populares con una visión exótica y anecdótica, posteriormente se interesó por captar la esencia del carácter de personajes anónimos y secundarios, vistos desde la vertiente del antihéroe.
En 1898 entra en contacto con Segovia, donde su tío Daniel tenía instalado su taller de ceramista. Desde entonces, alternará durante algunos años, los temas andaluces con los segovianos. Si en Andalucía pintaba preferentemente mujeres, en Segovia los modelos iniciales son hombres de rostros curtidos y ataviados con capas pardas, que facilitaron una interpretación más sobria de la realidad. En Segovia realiza una pintura de colorido sombrío y terroso, con figuras de campesinas y campesinos de apariencia intemporal. Son figuras de acusado contorno que posan estáticas ante fondos de áridos paisajes castellanos sin vida aparente. Con estas imágenes de la denominada España negra, Zuloaga tuvo una enorme notoriedad internacional, aunque en España la crítica debatía si la imagen descarnada de España que proyectaba era la real. Es el momento en el que los intelectuales de la Generación del 98, en su intento de paliar la crisis moral y social, señalan a la Castilla que representaba Zuloaga para convertirla en símbolo de las hondas raíces españolas.
El lienzo titulado Víspera de la corrida, pintado en 1898, es premiado en Barcelona en 1899 con primera medalla. Un cuadro en el que dominan las notas de la pintura sevillana, con entonación clara, en el que varias mujeres con mantillas o con mantones de Manila contemplan desde lo alto los toros de lidia. Zuloaga propone que este cuadro sea incluido en la Exposición Universal de París de 1900, pero el Jurado del Pabellón Español lo rechaza. Un suceso que generó polémica en la prensa europea y que contrastaba con la fama que estaba consiguiendo en el extranjero, ya que el lienzo rechazado triunfa en la exposición que organiza en Bruselas la Libre Esthétique y lo adquiere el Estado belga.
En 1899 participa en el salón de la Société Nationale de París con el lienzo Mi tío y mis primas, pintado en Segovia, que fue adquirido por el Estado francés. Es un cuadro de tonos oscuros y de fuerte expresividad, en el que destaca la representación individual de los rostros en los que se concentra el foco de luz.
A partir de 1900 alternará estancias en París con otras en Madrid y Segovia, donde también instala talleres de trabajo, aunque sigue viajando durante algunos años a Sevilla . Se suceden los éxitos en las exposiciones que realiza en diferentes ciudades europeas: tres exposiciones en Alemania en 1900, Exposición Internacional de Dresde en 1901, en la Société Nationale de París y en la Bienal de Venecia en 1903. En 1904 expone con el escultor Rodin en Düsseldorf y su éxito impresiona a los círculos intelectuales y artísticos madrileños.
En el Salón de la Société Nationale de 1908 tiene un triunfo definitivo con Las brujas de San Millán y El enano Gregorio el botero pintados en Segovia, y con el retrato de Lucienne Bréval en Carmen pintado en París. Zuloaga colaboraba en aquel momento en el diseño de los decorados de la obra Carmen de Bizet en la Ópera-Comique de París, cuyo papel protagonista interpretaba la soprano Bréval. En 1909 envía obras a una exposición organizada por la Hispanic Society de Nueva York que adquiere varios de los cuadros expuestos, desde entonces su faceta de retratista encuentra gran aceptación.
Desde 1914 y durante la primera guerra mundial residió principalmente en Zumaia. La presencia de Segovia contará cada vez menos y se aleja de la representación de tipos populares y escenas de grupo con las que había representado simbolicamente su interpretación de la realidad española. Desde Zumaia envió lienzos a Nueva York para una segunda exposición, organizada por una norteamericana gran admiradora de su arte, Mrs. Lydig, que recorre varias ciudades de Estados Unidos en 1916 y 1917 y que supone su definitivo éxito en Norteamérica. En 1925 viaja a Nueva York para asistir personalmente a la Exposición celebrada en la Reinhardt Galleries de Nueva York, y después a Cuba, que será la culminación de su triunfo. A su regreso, en 1926, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acogió una exposición de sus obras.
Los paisajes cobran mayor importancia, ahora son concebidos como obras independientes y no como fondos de sus composiciones. Son obras que alterna con estudios de desnudo y con su tarea de pintor de retratos, para los que Zuloaga usó dos tipos: situando a las figuras en un entorno paisajístico, como en el Retrato de Maurice Barrès, con fondo de la ciudad de Toledo; o en espacios interiores como el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles. En ambos tipos, la luz artificial destaca las figuras sobre el fondo y crea un efecto escenográfico. Retrata por encargo a damas de la alta burguesía parisina y norteamericana que vienen a que las pinte en París. Retrata también a miembros de la aristocracia madrileña y a sus amigos Manuel de Falla, Unamuno, Azorín, Valle-Inclán, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala, las grandes figuras del Generación del 98.
Desde 1930 su vida se centra en España, reside en Zumaia y en Madrid, donde fallece en su estudio de las Vistillas.