Antonia, con el sobrenombre de la gallega, quizá debido a su origen familiar, está caracterizada como bailaora de flamenco, un tema asociado a las gitanas y que Zuloaga trató desde su juventud.
Para resaltar su presencia la sitúa en primer plano, de cuerpo entero e iluminada con un foco de luz. El interés del pintor por realzar la personalidad de la modelo se proyecta en la actitud y gestos de su pose que transmiten seguridad y energía. La sensualidad del cuerpo ceñido por el mantón y su mirada directa e intensa son recursos del imaginario simbolista para expresar el concepto de mujer seductora, que Zuloaga asoció al componente racial de la mujer española.
Antonia, con el sobrenombre de la gallega, quizá debido a su origen familiar, está caracterizada como bailaora de flamenco, un tema asociado a las gitanas y que Zuloaga trató desde su juventud.
Para resaltar su presencia la sitúa en primer plano, de cuerpo entero e iluminada con un foco de luz. El interés del pintor por realzar la personalidad de la modelo se proyecta en la actitud y gestos de su pose que transmiten seguridad y energía. La sensualidad del cuerpo ceñido por el mantón y su mirada directa e intensa son recursos del imaginario simbolista para expresar el concepto de mujer seductora, que Zuloaga asoció al componente racial de la mujer española.