Imaxe:
Paisaje
Ficha técnica
Número de inventario:
3286
Materia / Soporte:
Lienzo
Contexto cultural / Estilo:
Romanticismo
Cronología:
1892 [ca]
Clasificación:
Pintura
Procedencia:
Depósito: Museo Nacional del Prado (19/04/1968)
Historial:
Depositado por el Ministerio de Fomento por R. O. de 16- 06- 1896, en la Escuela de Artes y Oficios de La Coruña.
Pasó al Museo de Bellas Artes por O. M. de 2- 07- 1946.
Medidas:
Con marco: Altura = 208,5 cm; Anchura = 333,5 cm; Profundidad = 9,5 cm
Lienzo: Altura = 172 cm; Anchura = 297 cm
Técnica:
Pintura al óleo
Objeto:
Cuadro
Modesto Urgell, dramaturgo y pintor que muestra en ambas facetas una confluencia temática y ambiental es difícil de clasificar estilísticamente en un fin de siglo en que los ismos se suceden con gran dinamismo. Estudia en la Escuela de Llotja con Martí Alsina cuyas enseñanzas sobre el paisajismo realista supusieron para Cataluña lo que las enseñanzas de Carlos de Haes para Madrid, allí también recibe el magisterio de Lluís Rigalt. Posteriormente viaja a Paris donde conoce a Corot y Courbet uno de los realistas más destacados del momento y entra en contacto con los pintores de la Escuela de Barbizón; En 1870 tras la epidemia que afecta a Barcelona Urgell se traslada a Olot, lugar donde Joaquín Vayreda había fundado el Centro Artístico de Olot que tuvo gran repercusión en el paisajismo catalán y en donde Urgell se inclina definitivamente por este género.
A partir de todo ese bagaje realista que el pintor fue asimilando crea un estilo personal y uniforme que en ocasiones le tildaron de inmovilista y que el mismo llegó a nombrar como "lo de siempre". Se dedica a recorrer los distintos lugares y comarcas de Cataluña en busca de unos paisajes abruptos, ásperos, pobres que están lejos de los paisajes pintados en Barbizón u Olot de vegetación verde, tierras productivas y fértiles y por tanto diferenciados del representado en esta obra. Al paisaje agreste une la búsqueda de la Cataluña rural opuesta a la de progreso y en especial busca los pueblos residuales, semiabandonados, casonas aisladas ruinosas como la que aparece en esta pintura, en otras ocasiones pinta iglesias, ermitas o cementerios y playas solitarias.
Son pinturas reducidas a lo esencial, con todo, la figura humana casi siempre está presente, inicialmente más próxima a una iconografía costumbrista e integrada en escenas rurales en las que los animales domésticos tenían su lugar propio. Con el tiempo las figuras se empequeñecen y pierden su autonomía para pasar a ser simples elementos del paisaje como sucede en este caso.
Tampoco es difícil encontrarnos en sus pinturas con la dicotomía de ver como en construcciones viejas y semiderruidas surgen chimeneas desprendiendo humo. En definitiva son los elementos vivos, corrientes, cotidianos de una Cataluña vieja en proceso de desaparecer que nos muestran a Modesto Urgell como un pintor realista (que parte de lo real).
No obstante, para tener una visión completa de su obra es preciso recordar la formación que recibe del pintor romántico Lluis Rigalt al que gusta pintar ruinas o, la misma Escuela de Barbizón que parte de una ascendencia romántica. Urgell sale a tomar anotaciones por los distintos lugares interesándose principalmente por el momento, generalmente el atardecer, la hora crepuscular y la captación de un clima de lluvia, viento o frío como parece que se capta en esta pintura.
Partiendo de esos presupuestos reales el artista con gran subjetividad elabora la ambientación y atmósfera que los envuelve. el uso de una luz crepuscular, una gama tonal suave y limitada que uniformiza el conjunto, una pincelada vigorosa, a veces pastosa y aplicada siguiendo trazos diferentes que confieren inquietantes celajes o la creación de un horizonte que se pierde en la lejanía. Son factores determinantes convertidos en los protagonistas que se superponen a lo cotidiano logrando en la mayoría de los casos una ambientación enigmática, llena de tristeza, soledad y nostalgia, una quietud que inquieta, que junto a las construcciones ruinosas (decadencia) o en otros casos a las iglesias, o camposantos (muerte) nos trasladan a unos ambientes desolados y misteriosos propios del romanticismo.