La caída de Ícaro
El autor
Jacob Peter Gowy fue un pintor flamenco que trabajó con Rubens en el proyecto de pintura mitológica para la Torre de la Parada; un pabellón de caza que el rey Felipe IV tenía a las afueras de Madrid. Si bien Rubens diseñó el bosquejo para este cuadro, Gowy hizo pequeñas modificaciones. En el Museo Nacional del Prado hay otro cuadro de Gowy hecho para el encargo de la Torre de la Parada. Se trata de la obra: “Hipómenes y Atalanta”.
El mito
Dédalo es, en la mitología griega, un gran arquitecto y constructor. Durante su vida hizo numerosos encargos, siendo uno de los más famosos el laberinto en el que el rey de Creta, Minos, encerró al temido minotauro, un monstruo mitad hombre mitad toro.
Aun estando preso, cada año el minotauro devoraba catorce jóvenes atenienses que eran entregados en sacrificio como pago por perder la guerra contra Minos. Cansado de esta situación, un valiente chico llamado Teseo decidió matar al monstruo, y para eso, contó con la ayuda de la princesa de Atenas, Ariadna, que estaba profundamente enamorada de él. Ambos le pidieron consejo al arquitecto que les confesó el truco para que Teseo pudiera salir del laberinto una vez matara a la bestia: tenía que atar un ovillo de hilo a la puerta e ir desplazándose por su interior mientras este se deshacía, así al volver solo tendría que ir recogiéndolo.
Cuando Minos se enteró de que Dédalo había ayudado a la pareja, lo castigó encarcelándolo junto con su hijo Ícaro. Para escapar, el ingenioso Dédalo tramó un plan: construir unas alas para salir volando. Recolectaron plumas de diferentes pájaros, y fijándose en sus alas, fue uniéndolas con la ayuda de hilo y cera. Cada uno con su par de alas, salieron volando de la isla de Creta. Ícaro llevaba instrucciones muy precisas de su padre: no podía volar muy bajo, pues el mar podía humedecer sus alas y darles demasiado peso, y tampoco podía volar muy alto, pues el calor del sol podía derretir la cera que unía las plumas. Sin embargo, el joven desobedeció las indicaciones de su padre, alzó demasiado el vuelo acercándose peligrosamente al sol, lo que hizo que la cera se fundiera y cayera al mar. Cuenta la leyenda que en el mar Egeo, justo en el lugar donde cayó Ícaro, surgió una hermosa isla donde siempre hace sol llamada Icaria en su honra.
La obra
La obra representa el momento justo en el que Ícaro está a punto de caer al mar. Con todo el cuerpo retorcido en un escorzo imposible, podemos ver en su cara la expresión del terror. Dédalo gira el cuerpo contemplando la tragedia. En la orilla del mar, observamos la ciudad de Creta y, caminando cara ella, dos personajes con algo en las manos: podrían ser dos pescadores con las redes volviendo su casa o podría tratarse de los propios Dédalo y Ícaro cargando con las alas antes de echarse a volar. Este cuadro se pintó en la época Barroca; un momento en el que es habitual representar escenas dramáticas y llenas de tensión como vemos en esta obra.
