Blanco en el recuerdo azul
Biografía
Pablo Ruiz Picasso era un niño de 9 años cuando llegó a Coruña, en 1891, ciudad en la que pasaría tres años y medio, un período corto pero decisivo en su vida.
Su padre, José Ruiz Blasco (1838-1913), acababa de obtener una plaza de profesor en la recién abierta Escuela de Bellas Artes de A Coruña, por lo que la familia al completo (su esposa María y sus hijos Pablo, Lola y Conchita) se trasladan a la ciudad. Pablo era el mayor de los hermanos, y ya mostraba habilidades para el dibujo y la pintura.
La familia se instaló en el número 14 de la calle Payo Gómez. Entonces la zona aún contaba con pocos edificios, y frente a la vivienda de los Ruiz Picasso estaba el chalet del doctor Ramón Pérez Costales, amigo de la familia y personaje reconocido en la ciudad, ya que había sido ministro en la Primera República y también atendía a las personas más desfavorecidas.
Para el joven Pablo, el traslado hasta Coruña supuso una liberación, lejos de la tutela de sus tías y de su abuela, con las que convivían en su Málaga natal. En A Coruña se divierte jugando en la plaza de Pontevedra (muy cerca de su casa), en la playa de Riazor o en el monte de Santa Margarita.
El mismo año de su llegada, Pablo se matricula en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza. Mal estudiante, en la clase se entretenía dibujando en los libros de texto, y sus notas fueron mediocres.
Al año siguiente, se matricula también en la Escuela de Bellas Artes, que se encontraba en el mismo edificio que el instituto. Allí tuvo diferentes maestros: su propio padre, José Ruiz Blasco; Isidoro Brocos o Román Navarro. Sin duda, sus calificaciones fueron mucho mejores que en las materias del instituto.
De esta época se conservan muchas piezas académicas realizadas por el nuevo artista, copias de láminas y otras realizadas a partir de modelos de yeso que aún se conservan en la escuela.
En cuanto a los padres de Picasso, apoyaron en todo momento su vocación artística: le regalaron álbumes de dibujo, lo matricularon en Bellas Artes, y Ruiz Blasco buscaba su colaboración para finalizar sus propios cuadros.
En A Coruña, Picasso comenzó a salir a pintar del natural, dejando constancia de todo lo que lo rodeaba, como la Torre de Hércules, el mar del Orzán, el monte de Santa Margarita, entre otros lugares de la ciudad a la que le dedicó unas revistillas tituladas Azul y Blanco y La Coruña, donde recogía anécdotas y sucesos locales.
También en esta ciudad comenzó a hacer retratos: desde los miembros de su familia hasta su perro, Clíper; pero también retrató a Pérez Costales y a su hijo, Modesto Castilla, a mendigos, y a sí mismo.
Uno de los sucesos más importantes que vivió Pablo en esta ciudad fue la pérdida de su hermana pequeña, Conchita. Enferma de difteria, falleció en enero de 1895. Este golpe tan duro para la familia motivó, junto a otros motivos, la marcha de la familia Ruiz Picasso de la ciudad, en abril de 1895.
Antes de abandonar la ciudad, en el mes de febrero de 1895, tuvo lugar la primera exposición individual de Picasso, en el número 20 de la calle Real. Una muestra en una tienda de muebles, que contó con muy buenas críticas en La Voz de Galicia y El Diario de Galicia. También hubo una segunda exposición, en marzo de 1895 en el número 54 de la calle Real.
Picasso nunca regresó a Coruña, pero la ciudad permanecería siempre en sus recuerdos. Muchos años después, guardaba postales con vistas de la ciudad y siempre conservó algunas de las pinturas hechas en la ciudad herculina, como una vista del monte Santa Margarita, y dos de sus óleos más reconocidos de esta primera etapa: La muchacha de los pies descalzos o El hombre de la gorra, que conservó durante toda su vida.